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La contaminación de plástico en el mundo no es solo un problema ambiental, sino también un asunto de salud pública. Un estudio de la división de Medio Ambiente de la ONU estimó que los humanos consumen entre 39 mil a 52 mil micro y nano partículas de plástico cada año, causando desde cambios metabólicos y daño celular, hasta cáncer. Gran parte de estas partículas provienen de los plásticos que se desechan al ambiente y que han aumentado en los últimos años, especialmente por los productos de un solo uso.

Se calcula también que anualmente se desechan más de 130 millones de toneladas de plásticos de un solo uso en todo el mundo. Solo una mínima porción es reciclada (entre un 8% a un 15%), mientras que el resto del material es quemado (35%), enterrado (31%) o descartado al medio ambiente (19%), sobre todo en los mares.

Los países de la región han respondido a esta amenaza con diferentes normas. Chile es uno de los países que ha impulsado las normas más fuertes contra la contaminación del plástico, especialmente los de un solo uso. Es así que desde hoy entra en vigencia la ley que prohíbe de manera progresiva los plásticos de un solo uso en locales de comida (restaurantes, comida rápida y delivery, casinos y bares, entre otros), partiendo con los cubiertos, revolvedores, bombillas de plástico y cualquier elemento de poliestireno (tecnopor) expandido. La meta al 2024 es alcanzar la prohibición total de productos plásticos de un solo uso. 

Ya antes otras normas también han buscado regular estos esos. En 2016 con la Ley de Responsabilidad al Productor del plástico, se obliga a cada empresa  a reciclar los productos de plástico que genera y el 2018 se prohibió totalmente el uso de las bolsas de plástico.

“La actual ley implica un profundo cambio de hábito, tanto para los locales que venden comida como para la ciudadanía, pero que nos permitirá reducir las más de 23 mil toneladas de plástico de un solo uso que se generan anualmente en Chile”, aseguró el Ministro (S) de Medio Ambiente, Marcelo Fernández.

La normativa también regulará la composición de las botellas desechables, obligando que la composición de cada envase sea hecho –en un porcentaje que va ir aumentando cada 10 o menos años– con plástico reciclado y recolectado en Chile. Si bien en un comienzo se intentó prohibirlas, el gobierno prefirió no hacerlo con el compromiso de que todos los actores promoverán el uso de productos retornables, estableciendo cuotas mínimas en las góndolas de supermercados de manera progresiva.

Pero esta no es una batalla solamente de Chile. En la región también están buscando fórmulas para frenar la contaminación del plástico. México, por ejemplo, que es uno de los países productores a nivel mundial, ha dejado que los gobiernos locales limiten los plásticos, sean bolsas, botellas o productos de un solo uso. A finales de 2018, Perú aprobó una legislación que fue moderando la comercialización y uso de plástico paulatinamente, restringiendo los envases de poliestireno expandido (tecnopor o plumavit), bolsas plásticas y otros productos de un solo uso en un principio hasta prohibirlos a finales de 2021.

Por su lado, en diciembre de 2020 Ecuador publicó la Ley de Racionalización, Reutilización y Reducción de Plásticos de un solo uso. Ahí planteó etapas de 12, 24 y 36 meses para ir regulando la composición de estos productos. Solo se prohibió la comercialización y utilización de bolsas y envases de un solo uso de bebidas y alimentos en ciertas zonas y áreas consideradas en el Sistema Nacional de Áreas Protegidas. 

Contaminación plástica

Si bien en América Latina solo México podría considerarse un productor mundial de plástico, el continente sí es un gran consumidor de estos. Algo que puede ser extremadamente complejo de no tener fórmulas de reciclaje adecuadas. Un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) estimó que en 2020, América Latina y el Caribe podría haber sido causante del ingreso de 3.7 millones de toneladas de residuos plásticos a los océanos. Un aumento que supera el 60% al compararlo con los 2.3 millones que el mismo estudio había revisado en 2010.

Chile, con su costa que supera los 6.400 km, es uno de los que más plástico consume y, por ende, desecha de la región. Según el Plastic Waste Makers Index del 2021, Chile es el quinto país de América con mayor consumo de plástico de un solo uso, detrás de Estados Unidos, Brasil,  México y Canadá. Y número 11 del planeta por su consumo per cápita, que alcanza los 51 kg por persona, seguidos en el continente por Uruguay con 25 kg por persona y México con 17 kg por persona. Más abajo están Perú y Colombia con 11 kg por persona en el lugar 54 y 68 respectivamente, Ecuador con 9 kg por persona en el lugar 78 y Venezuela con 3 kg por persona en el 99.

En 2018 un estudio de Oceana y Plastic Ocean concluyó que del total de desechos encontrados en las costas de Chile, “un 75% corresponde a plásticos, en su mayoría pequeños y que se usan solo una vez como botellas, contenedores, plumavit o tecnopor (poliestireno expandido) y bombillas”. 

Esta batalla conjunta podría tener un efecto directo en lugares cuyos desechos de plásticos son mínimos. Una investigación publicada en Nature mostró por primera vez los efectos de los desechos plásticos continentales sobre Rapa Nui (Isla de Pascua), territorio insular chileno. Aunque la Isla está ubicada en la zona marina protegida más grande de América Latina y a más de 3.700 km del continente, recibe toneladas de basura cada año. Según el estudio, más del 50% del plástico encontrado en sus playas proviene de Chile continental, el 18% de Perú y solo un 12% por los desechos propios.

Quizás es por eso que Chile, según Liesbeth Van Der Meer, ha buscado avanzar en la regulación del uso de plásticos. La directora de Oceana Chile, declaró a OjoPúblico que esta Ley que regula los plásticos de un solo uso es parte de un proceso ambiental mucho más importante, que ha “cambiado las percepciones de los consumidores” respecto al uso del plástico y que comenzó en 2018 con la prohibición de las bolsas plásticas.

A pesar de que existía cierto temor respecto a prohibir el uso de bolsas plásticas, ya que la política implementada fue la primera a nivel continental, esta ha sido una de las más populares entre la ciudadanía. “La prohibición de la bolsa plástica en 2018 fue el gran cambio. Cómo íbamos a cambiar de un día para otro algo que era tan cotidiano. Pero nos dimos cuenta que las bolsas plásticas no eran imprescindibles para nuestras vidas, sino que era algo a lo que nos habíamos acostumbrado”, concluye Van Der Meer.

Tal como ocurrió con las bolsas plásticas, en los últimos dos años el mercado también fue adaptándose. Las grandes cadenas se han acomodado a esta legislación durante la pandemia, ofreciendo alternativas con productos reutilizables como madera, papel, cartón o aluminio desechables certificados. De igual forma, existen multas para quienes incumplan la nueva normativa con multas que van entre 1 y 5 Unidad Tributaria Mensual (UTM, entres 61 dólares y 308 dólares) por la entrega de cada producto plástico de un solo uso.

Los locales más pequeños tienen hasta el próximo año para cumplir la normativa.

Para el Senador Juan Ignacio Latorre, perteneciente a la coalición del próximo gobierno de Gabriel Boric, esto es “un avance en la dirección correcta”, pero es necesario “ver cómo se implementa (la ley), como es la fiscalización del Estado y resguardar que se cumpla la Ley. También hay que ver la responsabilidad de los productores, consumidores y el ecosistema total para poder cuidar el medio ambiente”, dice a OjoPúblico Latorre.

Sobre esto, el Ministro de Medio Ambiente dijo que “la fiscalización estará a cargo de los municipios, pero también cualquier persona podrá denunciar un incumplimiento, ya sea yendo al municipio o a algún juzgado de policía local”. Incluso, algunos municipios anunciaron números especiales para establecer las denuncias.

La directora de Oceana sostiene que este es un trabajo en conjunto y que debe incorporarse a todos los actores de la sociedad. “La contaminación por plástico no es solo un deber del Estado normar su regulación, sino que los propios ciudadanos con herramientas para ello puedan ser parte de este quiebre”, señala.

Una ley mucho más ambiciosa en sus inicios

Una de las siete mociones refundidas que dieron origen a esta legislación (Boletín 11.809-12) decía en su artículo tercero que queda “prohibido el envasado de bebidas con botellas plásticas de un solo uso. Los productores de bebidas no podrán envasar sus productos en botellas de un solo uso”.

De esa moción quedó poco y nada, porque la norma finalmente obligará a los productores a recolectar las botellas plásticas desechables en el país y a elaborar nuevas botellas con ese material. Las metas establecen que al 2025, cada botella tendrá que tener un 15% de plástico recolectado y reciclado dentro del país, 25% al 2030, 50% al 2040 y terminando con un 70% al 2060. Aunque los porcentajes finales podrían cambiar en el reglamento que aún no se publica.

De esta forma se prefirió tomar la posición de las grandes empresas del rubro como, Compañía de Cervecerías Unidas (CCU, con licencia de Pepsi, entre otras bebidas) y Coca-Cola Chile, quienes durante la discusión de la Ley se mostraron opositoras a prohibir las botellas desechables de un solo uso. 

“El consumo anual de este material en nuestro país es cercano a un millón de toneladas, representando los envases y embalajes el 47% de dicha cifra, mientras que las botellas plásticas de un solo uso un 7%. Estas últimas son 100% reciclables y representan el 55% del plástico recolectado en Chile. En atención a ello, estimo que las botellas plásticas de un solo uso no debieran ser consideradas en el proyecto de ley”, dijo el José Luis Solorzano, Gerente General de Coca Cola Chile, según los registros de la Biblioteca del Congreso

Mientras que su par de CCU Chile, Francisco Diharasarri, en esa misma instancia pidió considerar los efectos que podría tener la prohibición de estas botellas desechables de un solo uso, argumentando “que muchos consumidores no tendrán acceso a la hidratación y la nutrición en algunas ocasiones” y a un “desequilibrio competitivo, porque algunos locales no tendrán en el espacio para tener envases retornables”.

La directora de Oceana cree que la alternativa acordada en el trámite legislativo es óptima para todos los actores, porque avanza hacia su propósito: “Lo que queremos es que cada botella se haga de otra botella en el 2050. La cantidad de plástico que nos íbamos a ahorrar era mucho mayor que si sólo prohibiéramos las botellas más chicas y ese fue el acuerdo con el que llegamos con la retornabilidad, a nuestro parecer, como lo más eficiente”.

En parte, esta ley ha servido como un catalizador de la Ley de Responsabilidad Extendida del Productor -publicada en 2016- y que establece la responsabilidad de la organización y financiamiento de la gestión de los residuos a los generadores estos. Aquella Ley tiene metas que han sido calificadas de austeras y que está ley viene a mejorar en uno de sus ítems.

Por otro lado, y a pesar de algunos argumentos en contra de las empresas, se incluyó la obligación a los comercios de promover el uso de botellas retornables, estableciendo una cuota mínima del 30% del total de bebidas. En el caso de los supermercados que no cuenten con bebidas en formato de botella retornable, serán sancionados con una multa de 1 a 20 UTM por cada día que se extienda esa situación.

El Senador Latorre no se cierra a la posibilidad de ir más allá en el futuro respecto a las botellas plásticas desechables: “El próximo gobierno, encabezado por el Presidente Boric, tiene como uno de sus ejes centrales el respeto y cuidado por el medio ambiente, y no me cabe duda que seguiremos avanzando en estas materias (…) y eso implica la erradicación, disminución o mitigación del plástico y los efectos que este produce”.

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