El gramo en delivery: drogarse en el medio de una pandemia

Nota: Esto no es una guía de cómo conseguir marihuana durante la cuarentena, sin embargo, si sabes hilar algunas ideas y leer entre las líneas sabrás cómo hacerlo.

Grindr, además de ser un aplicación de encuentros amorosos y otros no tanto, se ha transformado en la mejor forma para encontrar drogas. La ‘esquina virtual’, haciendo el símil con la caricatura del traficante esperando clientes en una esquina, ha ganado cada vez más popularidad y no ha parado durante cuarentena. Incluyendo servicios de entrega a domicilio y de hiegiene, todo para mantener la sanidad durante el encierro.

Eran esos de las 10:30 del 22 de marzo cuando el Gobierno anunciaba un toque de queda por el Coronavirus: “El Presidente ha instruido, a partir de hoy en la noche, un toque de queda en todo el territorio nacional desde las 22:00 horas hasta las 05:00 horas del día siguiente”, decía en la el Ministro de Salud, Jaime Mañalich.

Muchos fueron por papel higiénico. Yo corrí a donde el dealer.

Me dijo que en cinco días más le llegaba algo rico, que si quería esperar. Lo hice.

Era el 25 de marzo. Faltaba poco para el encargo. Se aproximaba abril (420) por lo que era imperativo tener una reserva. Eso hasta esa tarde.

““Ha llegado el momento de instruir aislamiento colectivo a la población donde se registra la mayor incidencia con el mayor número de casos”, decía Mañalich en cadena nacional.

Lo Barnechea, Vitacura, Las Condes, Providencia, Ñuñoa, Santiago e Independencia entraban en cuarentena total. Ahora si veía que necesitaba ese papel higiénico, entre hartas cosas más. Tenía que buscar un nuevo plan.

Desconstruyendo al adicto

Algunas veces me acuerdo de ese capítulo de Dr. House cuando Cuddy le ‘apuesta’ si puede estar sin Vicodin durante una semana. Claro, no pudo. Para entonces, y por el bien de la serie, Gregory House sólo reconocía que era un adicto, pero que esto no le generaba un problema. Remembranza que, no tan sorprendentemente, hay que hacer con la ocasional cerveza, piscola, cosas fritas y, obviamente, la marihuana.

Cada cierto tiempo dejo de consumir estos productos por sanidad física y mental. Aunque hay contextos que hacen extrañar más uno que otros. En encierro, preferí pasar las frituras, por ejemplo.

Pensaba en el tiempo que íbamos a estar encerrados. Las dosis. La periodicidad. El aguante. Cuánta plata queda. Los cálculos que todos sacamos. Y sí, aunque muchos lo niegen, hay un gran porcentaje de esta sociedad que se droga de manera recreativa en su domicilio, sólo que se criminaliza a unos pocos.

No es novedad. La gente hace drogas. Aspirinas, ibuprofeno, alcohol, LSD y marihuana. Su marco legal o desregulación es distinta, pero no daña el acceso que se ha adaptado según las circunstancias. Así como hace ya varios años, sobre todo tras la llegada de las aplicaciones de pedidos a domicilio, el mercado del ‘delivery’ de droga ha crecido. Y Grindr ha servido como plataforma para ello.

Esa era la solución que necesitaba, porque el coronavirus no bromea. Una neumonía asiática. Se sabe que allá son buenos para las artes marciales y mis células se acostumbraron a darle like a memes. El riesgo del ‘maldito creepy‘ o del ‘mal tusi’ es grande, pero las necesidades.

“Pura fina, bro”

Entre miembros de alto calibre, mujeres que buscan tener amigos gay y hétero-curiosos, están los maldadosos dealers de Grindr. Algunas van y vuelven. Otros son bloqueados por subir imágenes de droga. Un mundo que algunos quieren seguir escondiendo, pero que está activo 24 horas y 7 días a la semana.

Mi inscripción fue rápida. Puse una mano de foto de perfil…por qué no? Hice un par de refresh y salieron varios perfiles ofreciendo pilas, tusi, creepy y uno que otro anunciándote con “una mano fina”. Le hablo a un par y la oferta parece similar.

Voy por el que más me tinca, después de regodearme por varios. Me pide ubicación. Me moví de donde vivo antes de hacerlo (como si Trump y Hinzpeter no lo supieran antes) y espero.

“Bro, cómo está vestio???”, me pregunta. “Shore y jocky”, respondo.

Llega una moto. Me hace una seña con el casco y se da la vuelta. Estaba con indumentaria de una empresa de delivery. Me saluda con su codo: “Así estamos, hermano”, me dice y nos reímos. Se acerca a su mochila y me dice “sorry men, voy camino a un pedido y tengo una pizza”. Abre la mochila y saca de un compartimiento al lado de la pizza un frasco plástico de manjar.

“Quieres la promo?”, me murmulló, así como vendedor de tiempos compartidos. “Es lo último que me queda”. Soy algo goloso, entonces le digo que sí. Abre el frasco y sale un aroma hermoso. Y no era la pizza. Me pasó todo, se subió a la moto y se despidió con el codo diciendo “hay vida compa”.

Y sí, la hubo. No el suficiente tiempo. Y aquí estoy…buscando un poco de vida nuevamente con el permiso del gobierno para ir al supermercado.

Este es parte de una serie de artículos sobre cómo distintas culturas enfrentan el dilema de las drogas, en específico, la marihuana. Distintas ciudades, reglas y fórmulas para enfrentar una planta. Sigue todas las historias Volando junto a Matías.