Escapando del #CoronaVirus: un viaje de Italia a Chile

Un viaje de última hora se transformó en una redención para Daniela Contardo y su pareja, Carlos Hevia. Ambos chilenos, lograron salir de Italia a Chile en el límite del cierre de fronteras establecido por el país europeo el pasado martes. Volvían tras un plan truncado, sin embargo, esa frustración terminó salvándolos de ser un infectado más de Coronavirus en Italia.


Lunes 9 de marzo, 22 horas (hora de Italia):
CTM ESTAMOS EN EL AVIÓN. ACABAN DE CERRAR ITALIA. LOGRÉ SALIR.

Después de China, Italia ha sido uno de los países más afectados por el #Coronavirus. Más de 12 mil infectados y, hasta el viernes, 827 muertos dejaron sin opción al mandatario italiano, Giuseppe Conte y tuvo que cerrar las fronteras del país. Eran las 10 de la noche cuando se hizo el anuncio. Misma hora que Daniela Contardo, chilena que vivía hace tiempo en Italia, abordaba el último avión de Italia a Chile. Un viaje lleno de obstáculos que partió dos horas antes en el sur del país europeo, contra el reloj y con el coronavirus en sus talones.

Bat Country

Gravina in Puglia es una pequeña localidad en la provincia de Bari, al sur de Italia. Ahí estaba viviendo Daniela Contardo (30) hasta hace una semana. Un proyecto histórico y fotográfico los llevó a ese lugar, lejos de los lujos, luces y ruido de las modernas ciudades del norte del país.

Gravina, provincia de Bari, Italia.

Enamorados del lugar, junto a su pareja, decidió quedarse más tiempo. Se sabe que en Italia se vive bien, entre una hermosa vida social y una comida mundialmente conocida. Así conocieron a una nonna original y experimentaron esa cocina del campo italiano. Todo era perfecto, pero todo tiene un fin y el tiempo se les agotó. En diciembre del año pasado empezó la travesía para, al menos, extender la visita. La suerte no estuvo con ella. Y tuvo que empezar a planear su regreso.

Era finales de enero y el coronavirus, aún, era algo que se veía lejano, incluso en Europa. Y si bien los primeros casos del virus se dieron a conocer en diciembre de 2019, no se veía un avance peligroso a otros países. Ni en Santiago, Barcelona ni en Roma era tema, menos en Gravina. Así era el contexto cuando Daniela compró su ticket de vuelta a Chile:

Fecha de lunes 9 de marzo, 22:10 horas de Roma a Santiago.

Durante sus últimas semanas convivieron con mucha gente en Italia. Comieron, tomaron y salieron de fiesta con gente de todas las edades. Trabajaban en una oficina, donde salía y entraba gente todo el día. Se abrazaron con todos y se besaron con otros tantos. Eso hasta el avance del Coronavirus dejó a Italia como el segundo país, después de China, con más infectados.

Daniela Contardo, en la foto de arriba a la derecha.

“Mientras veíamos cómo los casos aumentaban y los grandes eventos se empezaban a suspender nos empezamos a preocupar. Ya veíamos que nos quedábamos acá”, dice Daniela. Y sí estuvieron cerca.

Se levantaron ese lunes. Las cifras habían aumentado exponencialmente. Las muertes ya alcanzaban 463 y el número de casos confirmados aumentó de 5.883 a 7.375, según cifras oficiales de la Protección Civil italiana. Para ese entonces ya habían casi 16 millones de personas en cuarentena obligatoria y necesitan un permiso especial para viajar.

Arrivederci

La misión era una: llegar a Roma para tomar el vuelo a las 22:10. El camino, no era tan simple.

Desde Gravina in Puglia se fueron en auto a Altamura, donde salía un bus que los llevaba directamente al aeropuerto de Bari. Hasta Altamura llegaron en el automóvil de unos amigos. Es un viaje corto, de 20 o 25 minutos. Ahí empezaron a ver las limitaciones.

Antes de tomar el bus le consultaron sobre posibles síntomas e interacciones con personas. “Eramos algo así como cinco personas más el conductor arriba del bus”, dice Contardo. “Los asientos cercanos al chofer estaban bloqueados y la idea es que nadie estuviera cerca de otro pasajero”.

El bus se demoró un poco más de una hora hasta el aeropuerto de Bari. Iban al límite de la hora de salida, pero al llegar se dieron cuenta que no iban a tener problemas. “No había ninguna fila, dejamos las maletas y pasamos seguridad rapidísimo”, dice Daniela. En el aeropuerto había poca gente y entre ellas, la mitad usaba mascarillas y guantes.

A pesar de esta imagen, Ni Daniela o Carlos estuvieron preocupados. Sabían que manteniendo una higene de manos y cara era clave. Intentar mantener la distancia y, de ser infectado, no están en el rango de riesgo mortal. Pero nunca se puede ser suficientemente precavido.

Tomaron el vuelo a Roma junto a 25 pasajeros. Todos sentados a metros de distancia. Un poco más de 45 minutos después estaban aterrizando en Roma. Procedimiento al llegar obligatorio para todos: toma de temperatura y posibles síntomas de resfrío. Ya eran casi las 21 horas. Y mientras pasaban por este procedimiento, miraban alrededor. El aeropuerto de Roma es uno de los más transitados del mundo y aquí estaba ahora, lunes 9 de marzo de 2020, vacío.

Aeropuerto de Roma, Lunes 9 de Marzo 2020.

Preocupados, veían como los pocos pasajeros subían a sus vuelos. Separados siempre por al menos 1 metro. La espera se empezaba a hacer eterna. Los minutos pasaban cada vez más lentos. Veían en los pasillos del aeropuerto gente con mascarillas, más de alguna tos vergonzosa. La televisión tampoco ayuda. Las noticias cargadas al pánico e histeria colectiva en los supermercados. En todo el recorrido en el aeropuerto, Daniela alcanzó a contar 50 personas.

Eran casi las 22:20 cuando subieron. Ahí vieron la primera diferencia con algo que ya se había hecho recurrente durante este viaje: aquí no había distancia entre pasajeros (social distancing). Incluso cuando el avión venía a casi un cuarto de su capacidad. De hecho, la parte posterior, dice Daniela, venía vacía.

Ya estaban haciendo tiempo para el despegue, cuando el piloto sorprende a todos con un anuncio: “Pasajeros, este será uno de los últimos aviones que saldrán de Italia”. Todos, entre felices y preocupados, revisaron sus celulares. El gobierno italiano había anunciado el cierre de sus fronteras y ahí estaban ellos, a punto de despegar a Chile junto a personas, pensando si realmente habían alcanzado escapar del virus.

“En el avión no se tomó ningún tipo de medida. Fue como un vuelo común y corriente. Nos hiciern firmar una declaración jurada diciendo que no teníamos síntomas. No tuvimos acceso a pañuelos o alcohol gel”, dice Daniela.

Al llegar a Santiago los esperaba un grupo de personal médico, que por lo nerviosos parecían en práctica. Les tomaron sus datos, lugares por dónde pasaron y tomaron su temperatura. Todos los pasajeros del avión pasaron sin problemas.

Daniela, trabajando, mientras pasa su cuarentena.

Daniela decidió quedarse en cuarentena. No iba a poner en riesgo a más gente, a pesar de que no mostrara síntomas. Ya han pasado casi siete días desde entonces y Daniela está bien, en sus últimos días de cuarentena autoimpuesta que de seguro se prolongará hasta que el país salga de la fase 4 por esta pandemia.

UN RECORRIDO EN PANDEMIA