La falta del periodismo deportivo

El periodismo deportivo, visto por muchos como un sector de privilegios y buena vida, se ha transformado con el tiempo en un simple transmisor. A pesar de algunos momentos de picardía donde sí dio la cara, el común denominador pareciera ser la inmovilidad, sin un punta que haga su trabajo: que la ponga en el suelo, la domine, encare y meta el gol.

La comodidad de estar bien posicionado frente al público, sumado a una audiencia más pasional que racional, transformó al periodismo especializado en un cúmulo de epítetos y voces vehementes que enroquecen delirios por un bien personalista. Y eso pasó por encima de los estándares de la profesión.

El deporte, con su popularidad, mueve una cantidad inmensa de dinero. Muchos de esos fondos provienen de los Estados o entregan beneficios tributarios a grandes empresas que invierten su dinero en estos deportes. El ejemplo más claro es el fútbol, convertido en un negocio gigantesco, y que hoy está bajo la lupa de la Fiscalía norteamericana por sobornos.

¿El periodismo se quedó dormido frente a estos cuestionamientos? Se mantiene la imagen del conductor, relator, pero el periodista deportivo se unió a esos perfiles. Las investigaciones, el juicio, la búsqueda y las historias ya no existen, dando paso a la mera información y relato de resultados.

El escándalo de #FIFAGate, que involucra a varios ejecutivos de la FIFA y sus federaciones a nivel mundial –incluída y por sobre todo la CONMEBOL– por coimas y bonos para obtener millonarios contratos para la televisación de sus eventos continentales, tuvo repercusión en CNN y canales de negocios antes que ESPN o Fox Sports.

¿Estamos acostumbramos con las entradas de cortesía? ¿Nos gusta tener a los clubes de nuestro lado? ¿Preferimos camuflar el oficio periodístico bajo nuestras opiniones y observaciones, en vez de comprobar los hechos? ¿Dónde quedó la ética? Se esfumaron.

Hasta ahora, los empresarios detrás del negocio del deporte están saliendo con la suya. Mientras sus bolsillos se llenan, el periodismo está inactivo, flojo y sin ideas. Sin embargo, Thomas Kistner (entre otros) dan la esperanza que quizás, en el segundo tiempo, podamos dar vuelta el partido.

Publicado originalmente en Medium.